miércoles, 6 de octubre de 2010

Para resolver la violencia urbana…

Todo problema tiene mínimamente dos caras que deben ser atendidas para resolverlo. Una corresponde a las fuentes del problema y la otra a las expresiones del mismo. Pareciera ser que la creciente violencia urbana en Colombia está siendo atendida solamente por la vía de sus expresiones. Pues en los medios de comunicación solo se observan operativos militares y de policía tendientes a neutralizar bandas y combos para reducir el microtráfico de drogas y el cobro de extorsiones a transportadores, viviendas y a las personas que transitan entre los barrios.

Cuando solo se atiende una cara del problema las caras restantes se encargan de perpetuarlo y eso es lo que ha pasado no solo en Medellín sino también en las principales ciudades del País. Pues la cara desatendida de la violencia urbana corresponde a aquella en la que se encuentran la limitada perspectiva de futuro de los jóvenes, la descomposición familiar, la baja calidad en la educación, el limitado acceso a los servicios sociales, la informalidad del empleo y las escasas posibilidades de conseguir alguno, el hacinamiento en los barrios y la carencia de espacio público para el desarrollo humano.

Para atender las dos caras y resolver este problema, si alguna humilde recomendación cabe para el Estado, creo que sería bueno seguir tres líneas de acción basadas en el territorio:

La primera es el dominio del territorio. El enfrentamiento de la violencia urbana organizada supone para el Estado una especie de guerra asimétrica urbana debido a la falta de un enemigo formal, visible y de combate regular. Este tipo de conflictos rara vez se resuelven por confrontación directa y por eso las fuerzas ilegales se neutralizan más bien a través de los servicios de inteligencia del Estado. En ese sentido la inestabilidad que genera una intervención de la fuerza pública (al estilo de la operación Orión) más que controlar la delincuencia debe abrir una oportunidad para la infiltración y la penetración de unidades de inteligencia del Estado en los barrios que permitan canalizar mejor la acción de la fuerza pública en la confrontación directa.

La segunda es la transformación del territorio. Entre las condiciones que posibilitan que una banda adquiera control territorial está una geografía e infraestructura que limita el acceso y la movilidad de la población. El rediseño urbanístico de los barrios permite su conexión e integración con la ciudad, mejora la movilidad, amplia sus vías de acceso y con ello se limita su controlabilidad. También consiste en la creación de entornos y espacios que determinen nuevas formas de interacción entre sus habitantes y constituyan escenarios de dignidad y calidad de vida.

Y en tercer lugar está el desarrollo del territorio. Consiste en potenciar la capacidad de los barrios de ofrecer a pequeña escala los servicios sociales y la infraestructura económica que concentra la ciudad. Supone por tanto localizar los servicios de salud y educación, promocionar centros para el emprendimiento empresarial y los mercados e industrias a nivel locales. Es hacer de los barrios nichos de desarrollo humano.

En últimas, la intención es evitar que estos jóvenes canalicen la población y más bien sea el Estado el que canalice a estos jóvenes.