Después de los años 50 la guerra civil bipartidista en Colombia se había recrudecido en las zonas rurales. Por esos años el país también se encontraba en el amanecer de una transición económica que trajo consigo la creación de grandes empresas en los centros urbanos y el asentamiento de una gran población campesina, que ante las amenazas de la violencia rural, encontró en las promesas de las ciudades la mejor alternativa de progreso.
Medellín fue una de ellas. Por esa razón, entre los años 50 y 60 llegó a la ciudad una ola migratoria procedente de los pueblos cercanos en busca de trabajo y empleo. Esta población se asentó en los terrenos que hoy conocemos como los barrios Aranjuez, Manrique y Berlín; y continuó en los años siguientes cuando las nuevas poblaciones se asentaron en terrenos más altos que dieron lugar a barrios como el Playón, Pablo VI, Popular, Andalucía y Santo Domingo Savio, entre otros.
Bajo este modelo de urbanización, no solo creció la zona nororiental de la ciudad sino también gran parte de la noroccidental y los barrios periféricos. Fue tan acelerado ese crecimiento que para los años 80 ya se empezaba a observar un “excedente” poblacional debido a que la ciudad no podía ofrecer empleo y educación a muchos de los hijos y nietos de aquella primera generación campesina que con muchas esperanzas había arribado a Medellín.
Ese “excedente” se tradujo en la difícil situación socioeconómica que ha caracterizado a los barrios pobres de la ciudad y a su vez limitó la perspectiva de futuro de muchos de estos hijos y nietos. Cabe recordar que estos jóvenes con escasa perspectiva de futuro fueron el sustrato de Pablo Escobar y el Cartel de Medellín en los 80, de las Milicias Bolivarianas de las FARC y a las Autodefensas en los 90; y de Don Berna, Valenciano y Sebastián en esta primera década del siglo XXI.
No importa cuál sea la fuerza ilegal de turno, se trata de la misma arcilla que encuentra un molde diferente en cada época. Y es la misma porque en Colombia tampoco se detuvieron las migraciones, pues el conflicto en el campo solamente cambio su rostro. Lo que en los 60 se conocía como violencia rural derivó en una guerra contra las guerrillas comunistas en los 70 que luego se abriría un nuevo frente con el surgimiento del paramilitarismo en los años 80. Ya en los 90 podíamos afirmar que Colombia realmente estaba en guerra y después del 2001 nos enteramos que se trataba de una guerra contra el terrorismo. El campo nunca estuvo en paz.
Aun no tengo claro si la violencia rural de los 60 era lo mismo que hoy conocemos como terrorismo o si el término ‘migración’ es más un eufemismo bajo el cual se esconde el desplazamiento forzado en Colombia. El hecho es que si hoy como en los 80 vemos ‘combos’ es porque pasivamente hemos creído que es aceptable que pueda sobrar gente en Medellín. Si Medellín no quiere que haya ‘combos’ no puede volverse a permitirse esa idea jamás.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
La historia siempre será cíclica mientras la sociedad del común la desconozca y el poder ejecutivo la ignore. Los "excluídos" han aprendido a ver en la delicuencia su rutina diaria pues en sus mismas calles se ejecutan. Será un problema de nunca acabar y desgraciadamente en mi pesimista opinión, una generación perdida.
ResponderEliminar